Los paranoicos viven más de 100 años

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La paranoia es un seguro de vida, pues quienes la padecen también disfrutan de un grado extra de precaución y suspicacia que puede alargar sus emocionantes existencias. Emocionantes porque encuentran amenazas donde los demás solo vemos un devenir cotidiano y aburrido. Por su parte, los hipocondriacos se ven acechados por toda clase de gérmenes y enfermedades, y sus constantes análisis y consultas médicas hacen que sean extraordinariamente longevos. Woody Allen encarna ambas características en su personalidad, y suya es esta sentencia: «No porque sea paranoico quiere decir que esté fuera de peligro».

Algunos paranoicos extremos sufrían lo indecible cuando tenían que salir de casa hace unas décadas, pero el invento de la póliza de hogar a todo riesgo ha hecho que estas personas afloren, por emplear una terminología fiscal. Ya no necesitan pisar la calle para nada. Hacen sus compras por internet, el repartidor les suministra todo lo que necesitan: alimentos, utensilios, ropa ¡incluso amor y amistades!

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La calle es un lugar trufado de peligros donde cualquiera podría hacerles daño. Pueden ser espiados, perseguidos, capturados, secuestrados, torturados, mutilados y finalmente abandonados en las afueras de la ciudad semidesnudos, atados a un árbol y moribundos. Y jamás pisan un bar, pues podrían ver sometida su voluntad al regresar del baño y terminarse la cerveza, en la que alguien podría haber vertido burundanga. Nada de eso puede sucederles en casa, y si por desgracia les aconteciera un imprevisto (siniestro es una palabra que las compañías aseguradoras deberían revisar y reemplazar por otra menos siniestra), la cobertura de su póliza hará que todo quede un mal recuerdo.

Sin embargo, para estas personas tan sensibles al porvenir, los peligros en casa también acechan. Durante la noche, alguien podría deslizarse al interior del domicilio, instalar micrófonos, o incluso microcámaras, por lo que un buen paranoico debe peinar su hogar cada día en busca de pequeñas anomalías que permitan deducir que se ha producido una intrusión nocturna.

¿Qué decir de la comida? Aunque cuentan con un proveedor de confianza sería posible que alguien, utilizando una aguja hipodérmica, pudiera introducir alguna sustancia química capaz de alterar la conciencia en las botellas de refrescos o en la lasaña congelada. Por eso el paranoico invierte un tiempo considerable en revisar de manera pormenorizada cada elemento que ha adquirido en el súper online. Por supuesto exigen a sus empresas proveedoras que el repartidor sea siempre el mismo, pues no soportarían abrir la puerta cada semana a un rostro diferente.

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Disponen en sus domicilios de un completo equipo de emergencia contra gases químicos y agentes biológicos contaminantes, que han comprado en páginas de internet que operan desde Tel Aviv, y rastrean los telediarios de la CNN, Al Jazeera, Russian News o China Today en busca de contradicciones y fisuras entre la realidad y los hechos alternativos. Y siempre las encuentran, porque intuyen que la realidad es un invento de Ellos.

Un paranoico no es un enfermo, es solo alguien que está más preparado para las amenazas del mundo moderno, y que por ello nos sobrevivirá. A usted y a mí.

CHARLIE

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