Lo que los community managers pueden aprender de Queneau

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Un pequeño incidente en un autobús. Con tan poca importancia que apenas le permite al narrador del mismo extenderse unas líneas. Las justas para contarnos que en la plataforma de ese autobús observó cómo un pasajero interpelaba a su vecino acusándole de pisarle adrede cada vez que subían y bajaban viajeros. Y que dos horas más tarde volvió a encontrárselo en otro lugar, conversando con un amigo sobre el tamaño del escote de su abrigo. Pero en la página siguiente del libro, ese narrador vuelve a contar la misma historia en un estilo diferente. En partie double, lo llama esta vez.  Resulta chocante, pero más aún cuando en la siguiente página vuelve a hacerlo bajo el enunciado de Litotes y en la siguiente Métaphoriquement… y así sucesivamente hasta casi un centenar de veces. La misma historia contada de noventa y nueve formas distintas. Por eso Raymond Queneau, el autor, las llamó «Ejercicios de estilo».

Queneau, como fiel miembro del Colegio de la Patafísica, institución creada en 1948 para el estudio de las «ciencias inventadas e inútiles», fue un apasionado defensor de lo improductivo. No es de extrañar por eso que su obra en Italia fuera traducida por Italo Calvino, otro militante del valor de la ineficacia, tal como cuenta Nuccio Ordine en su libro La utilidad de lo inútil.

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En las 99 versiones del incidente en el autobús, Queneau destruye ese mito de que cada creador ha de tener su propio estilo. Me refiero al estilo entendido como la dimensión vertical de uno mismo, esa que conecta nuestra biografía con la historia. O también al conjunto de intangibles que conforman nuestra personalidad, nuestros signos o nuestra obra, haciéndonos reconocibles.

Tal vez en aquel momento el libro de los ejercicios de estilo fuera tan sólo una transgresión literaria sin mayores pretensiones. Pero lo inútil nunca es inútil si el talento lo promueve. Fue precisamente Calvino quien señalaba tal cosa:

«Muchas veces el empeño que los hombre ponen en actividades que parecen absolutamente gratuitas, sin otro fin que el entretenimiento o la satisfacción de resolver un problema difícil, resulta ser esencial en un ámbito que nadie había previsto, con consecuencias de largo alcance».

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Hoy en día, los comunity managers se ven obligados a contar la misma historia un centenar de veces sin que esta deba parecer escrita por la misma ‘pluma’.  Para formarles, existen cursos y estudios que les ayudan a perfeccionarse en esta disciplina.  Pero también existen otros ejercicios, como la obra de Queneau, que podrían inspirarles para manejar con soltura todos los estilos posibles. Y el único motivo por el que no se las tiene en consideración es porque fueron escritas antes de que se les conociera una utilidad práctica. Lo irónico del tema es que, de haber sido creadas en busca de tal utilidad, tal vez nunca hubieran adquirido el valioso «largo alcance» del que nos hablaba Italo Calvino.

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