Lo que Steve Jobs no llegó a anunciar

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Las más de 7.000 butacas del Bill Graham Auditorium de San Francisco estaban abarrotadas de periodistas especializados, gurúes de las nuevas tecnologías que vivían en la zona de la Bahía, algún telepredicador rodeado de fieles acólitos dispuestos a izar sus pancartas, ingenieros de partículas, jefes de producto de multinacionales y, en general, una nutrida representación del crisol social y cultural de una California que ya era independiente tras el arrasador resultado del referéndum de 2019, lo que la había convertido en la sexta economía del mundo.

Así pues ¿qué mejor contexto para anunciar I Soul ®, el lanzamiento de la década? El presidente de la compañía, vistiendo un jersey oscuro de cuello alto y unos vaqueros, desgranó ante un público entusiasta las virtudes del nuevo producto, que constaba de un pequeño ecosistema conformado por tres elementos.

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El primero era un ordenador portátil, aunque no se parecía en absoluto a ningún ordenador que nadie hubiera visto antes. No tenía teclado, ni ratón, ni todas esas interfaces que la corporación quería enterrar en el olvido. Tampoco tenía pantalla; en su lugar, una proyección holográfica que brotaba de un diminuto dispositivo creaba una ilusión envolvente de 360º. La conexión neuronal con el propietario regía su procesador de 100 núcleos y del tamaño de una lenteja, por lo que la comunicación entre usuario y máquina quedaba diluida en una mezcla de ambos.

El segundo elemento era una impresora 3D escalable, cuyos cartuchos se alimentaban con polímeros de última generación protegidos celosamente por más de mil patentes propiedad del fabricante. Tras haber impreso todos y cada uno de los órganos y tejidos del ser humano, la compañía estaba ahora en disposición de anunciar la impresión de almas.

Por fin los científicos, ingenieros y teólogos se habían puesto de acuerdo en algunas premisas básicas. ¿De qué materia estaba hecha? Y sobre todo ¿cómo podía sintetizarse esa pulpa primigenia que sirviera para generar un alma a cualquier individuo?

La utilidad era innegable. El alma, al igual que cualquier otro órgano, está expuesta a elementos que la desgastan y debilitan, como el discurrir del calendario, la fricción con otras almas o las desviaciones de la personalidad. Reemplazarla a tiempo por una nueva dotaba al sujeto de una inesperada inocencia, que no ingenuidad, pues no son la misma cosa. Podríamos decir que I Soul ® respetaba la sabiduría, los conocimientos y la experiencia, pero quitaba las máculas, muchas de ellas perniciosas, que a veces echan a perder a las personas.

El tercer elemento era, quizás, el más revolucionario de todos. Ofrecía el aspecto de un Libro Sagrado impreso con bellos caracteres en lo que parecía papel (aunque incorporaba avances técnicos que iban más allá de cualquier desarrollo conocido) que mostraba a su lector, detectando previamente sus parámetros éticos, el texto que mejor se adaptara a sus creencias y en el idioma que le fuera más grato. Ante unos se mostraba como una Biblia, otros veían el Kojiki, o el Corán, o la Torah. O un poemario de Federico García Lorca. Este libro era la más lograda y sofisticada de las tres piezas que conformaban I Soul ® pues actuaba como intermediario y lograba la armonía entre dos mundos que desde aquel día quedarían hermanados para siempre por la tecnología: el material y el espiritual.

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